Invitación a tomar consciencia

Tomar consciencia en la playa

Desde que empezó el confinamiento no he salido de casa, por lo tanto, lo que te voy a contar ha sucedido antes del 13 de marzo y volverá a pasar en cuanto pueda salir de casa para otra cosa que no sea hacer la compra.

Siempre me ha gustado madrugar y aprovechar tranquila las primeras horas de la mañana. Me gusta ver cómo se despierta la ciudad, el pueblo o el lugar donde me encuentro y tomar consciencia de que empieza un nuevo día. 🌞

Recuerdo estando de vacaciones, o los fines de semana, disfrutar de la primera hora de la mañana para investigar, descubrir, curiosear el despertar del día.

Desde hace algún tiempo, voy regularmente a dar un paseo matutino en la naturaleza antes de ponerme a trabajar y, si puede ser en la playa, es el mejor regalo que me puedo hacer a mí misma.

En este rato, me escucho y sigo mi instinto.

Algunos días llego a la playa y me siento, observando, escuchando las olas, viendo como la luz del día amanece poco a poco.

Toma de consciencia

Hay días excepcionales en los que veo la “puesta de luna llena” en el mar. Son días especiales, con el cielo despejado, en los que ves, por un lado, la luna brillante y redonda irse y, por el otro, el sol levantarse. Me gusta verlo y sentir poco a poco el calor del sol en mi espalda.

 

Tomar consciencia

Según la Real Academia Española (RAE), la palabra consciencia tiene varias acepciones:

Capacidad del ser humano de reconocer la realidad circundante y de relacionarse con ella.
Conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones.
Conocimiento reflexivo de las cosas.
Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.

Dicho de otro modo, la consciencia es el conocimiento que cada uno de nosotros tenemos de nosotros mismos y de nuestra capacidad de actuar sobre el entorno que nos rodea.

Cada una de nosotras tenemos una serie de creencias y experiencias propias, heredadas o vividas. Éstas actúan como filtro sobre ese entorno que percibimos, creando una realidad única para cada una de nosotras.

 

Mi toma de consciencia

Mientras estoy en la playa, quieta durante un buen rato, observando, veo si la marea sube o baja. Es como ser un detective de la naturaleza. Es mucho más gratificante que mirarlo en internet y leer sin más “bajamar 8:19h, altamar 14:37h”.

Otros días prefiero andar por la orilla, que tiene la arena dura, mojada, sin huellas excepto las de las gaviotas. Me fijo cómo escucho las olas por un oído mientras recorro la playa en una dirección y, cuando cambio de sentido, escucho más por el otro.

Mientras camino despacio, siendo consciente de cada paso, noto también cómo cambia la dureza de la arena. Intento, porque luego voy a trabajar, evitar empaparme los zapatos y mojarme los pies, jajaja. El agua y la arena, en los meses de otoño e invierno están muy frías a esas horas de la mañana. 👣

Según los lugares de la playa en los que me encuentro, llegan sonidos diferentes, el eco de las olas, el aire en alguna roca, el canto de los pájaros…

 

El despertar

Cuando llego de madrugada y aun es de noche, los pocos sonidos que se escuchan, las hojas de los árboles mecidas por el viento, alguna gaviota madrugadora…, son eclipsados por el vaivén de las olas llegando a la orilla. 🌊

Vivo el amanecer con atención. A cada minuto que pasa, la claridad aumenta. Como si la luz fuera despertando a todos los seres vivos del lugar, una gran cantidad de sonidos distintos va llenando el ambiente.

Es un placer estar allí, en medio de esa música de la naturaleza, en ese momento único e irrepetible.

Calma en Vigo

Hay días que llego con tanta energía que me pongo a saltar y a bailar con los sonidos, a jugar con los elementos naturales que encuentro, haciendo esculturas con algas, figuras en la arena, fotografías, escribiendo con mis pies y con sus huellas 😊 (¡esto me encanta!).

Despierto la niña que tengo dentro de mí, la dejo expresarse y disfrutar sin opinar.

 

Un regalo para tomar consciencia

Dada la hora, hay muy poca gente. Puede que me encuentre con alguna persona paseando a su perro o algunos pocos madrugadores que caminan por el paseo cercano a la playa.

Cuando cierro los ojos puedo sentirme sola y a la vez en compañía. ¡Gracias, Naturaleza! 🌱

Y por todo eso, cada día dejo un regalo. Un regalo que puede que se abra o puede que no. Eso depende del que lo recibe.

Aporto mi granito de arena y dejo una o varias “invitaciones” para conectar con ese entorno maravilloso.

Muy aplicada, con dedicación, escribo en la arena, con letras grandes, una frase.

Puede que llame la atención a cierta distancia o que alguna persona que simplemente pasea cerca la lea.

Sonrío ante esa idea.

Me imagino la cara de la persona leyendo mi mensaje y sus posibles expresiones faciales… ¿Sorpresa, intriga, diversión, asombro, tristeza, felicidad?

El mensaje que dejo puede ser “Te invito a escuchar el mar”, “Te invito a observar el agua”, “Te invito a dibujar” …

Si una persona lee alguno de estos mensajes, el regalo ha sido entregado. Y si lo disfruta, ¡ha hecho un regalo a la naturaleza!

Dibujar en la arena

Escribo las invitaciones para esa persona que se detiene a leerlas. Y también las escribo para quien las ve y no las lee. Un día llegará en el que se detendrá y la leerá y, tal vez, lo disfrutará.

Podría llamar a esto, tomar consciencia. Darte cuenta de que puedes pararte un momento, leer un mensaje de un desconocido en la arena y disfrutarlo.

 

¿Por qué lo hago?

Deseo compartir que me siento parte de la naturaleza y que cambia mi forma de actuar y de tomar decisiones.

Deseo ofrecer invitaciones para que la gente se sienta parte de la naturaleza un instante, que se sienta mejor. Estar en contacto con la naturaleza nos hace sentir mejor y tomar consciencia de la interconexión que nos une a todos, poco a poco, cambiará el mundo.

Dejo frases en la arena para recordarme que todo va y viene, nada es permanente. La vida sigue su curso, el cambio es continuo a pesar de que luches contra él. Quédate con lo bueno, asume lo que te llega y trabaja para mejorar lo que está en tu mano.

¡Espero con muchas ganas el momento en el que pueda volver a escribir mensajes en la playa! ¡Ya falta menos!

Seguiré yendo por las mañanas por alguna playa, a despertar con la naturaleza y a escribir alguna invitación para alguna persona que pare, la lea y, tal vez, la disfrute.

Párate un minuto o una hora, tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

Si algún día, ves algo en la playa, acércate, párate, léelo y disfrútalo. Y, si me conoces, escríbeme, me encantaría saber que algún regalo ha sido entregado. 😊

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Sobre la autora

Céline Girardon

Céline Girardon

Ingeniera Mecánica con más de 15 años de experiencia.
Posgrado en Coaching, PNL y Liderazgo de Equipos y Practitionner Coach en PNL.
Guía de Baños de Bosque certificada. En 2019 participé en el Forest Therapy Institute (FTI) como Coordinadora de Operaciones y Formadora Apprentice en España y Chile. Actualemente desarrollo labores de Orientadora.

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